Malos vientos corren por la vieja Europa: ya no soplan con fuerza las ideas. La derecha afirma que la ideología ha muerto, y la izquierda parece que ayuda a echar tierra encima. Ya nadie trata de convencer o seducir con la palabra. Las palabras ya no designan sucesos o hechos: los esconden.
Y los tiempos son malos porque la izquierda ha dejado que la derecha le arrebate el terreno ideológico (al menos el de los hechos). Se ha quedado con las palabras pero le ha cedido la palabra.
Actualmente apenas se habla de socialismo (se rehuye el término); se emplean términos sustitutivos (que no sinónimos): progresismo.
¿Por qué parte de la izquierda tiene miedo a definirse como socialista? La mayoría de los ciudadanos están a favor del progreso, y lógicamente la izquierda debe estarlo con mayor motivo. Pero ser socialista es algo más, ya que el socialismo debe, en primer lugar, pararse a reflexionar sobre lo qué es progreso, y en segundo, buscar el equitativo reparto del mismo ¿Se sentirá la izquierda incapaz de hacerlo y teme defraudar las ilusiones? ¿O simplemente se trata de posibilismo, es decir, de adaptarse a las demandas de la sociedad occidental? Algunos ejemplos de esto último son los siguientes:
En los últimos días se ha escuchado definir como progresista la política de devolver 400 euros a las familias españolas, o la medida de ampliar a 18 meses el periodo legal de retención de los inmigrantes ilegales, o incluso el hecho de votar a favor (los laboristas británicos) de la jornada de 65 horas ¿Son éstas medidas socialistas? ¿Y progresistas? Cierta izquierda justifica las medidas recubriéndolas con palabras, y señala: se trata de poner el ahorro del estado en manos de las familias, otorgar un marco jurídico homogéneo a la población inmigrante, o favorecer el incremento de la productividad en el mercado laboral europeo con el fin de repartir el trabajo.
Las anteriores medidas señaladas son, y han sido siempre, propias de la derecha y, en algunos casos, de marcado carácter populista. La izquierda no debe procurar adornarlas con palabras para que parezcan menos nocivas; debe coger la palabra y dar argumentos al ciudadano para que pierda el miedo al inmigrante y lo acoja; tiene que saber explicar qué es más rentable socialmente destinar los 400 euros a proveer servicios públicos aunque no se vean a corto plazo los beneficios; es necesario que convenza a los trabajadores de las virtudes de luchar unidos por un bien común, en vez de buscar el beneficio particular. ¿Por qué no lo hace?
La izquierda ha renunciado a la palabra y se contenta con las palabras. ¿A qué se debe?: ¿tiene miedo a que el ciudadano burgués ya no le apoye si busca el progreso social en vez de la satisfacción de las necesidades materiales individuales? ¿Tiene algo que ver con los votos perdidos por el PSOE en las pasadas elecciones por no ofrecer al electorado una posición dura frente a los inmigrantes? ¿O simplemente se trata de miedo a no saber divulgar el mensaje? ¿Será que definirse como progresista conlleva menos exigencias?