¿Por qué en España tenemos un 20% de paro? Existen muchas causas. El problema es muy complejo.

I+D+i en las empresas. Fte: Eurostat

Las empresas en Suecia invierten en investigación y desarrollo 2,65€ por cada 100€ de producción. En España 0,71€. La tasa de desempleo en Suecia es del 4,5% en España del 20%.

España está, en inversión empresarial en i+D+i en el puesto 17, por debajo de la media de la UE15 y la UE 27. Delante en inversión en I+D+i están Chequia, Alemania, Dinamarca, Luxemburgo, Finlandia, Francia, Eslovenia, … (los datos son en % del PIB no en global). Portugal, la siguente en la lista tras España invierte el 0,61.

Los datos se pueden ver aquí: http://www.ine.es/jaxi/menu.do?type=pcaxis&path=%2Ft14%2Fp057&file=inebase&L=0

Este es nuestro empresariado. ¿No es necesaria una reforma empresarial?

Está claro que nuestro empresariado no invierte en investigación. Si les abaratamos el despido y el coste de la mano de obra tendrán menos incentivos para hacerlo. Mano de obra más barata implica menos incentivos en mejorar la calidad de los productos, menos incentivos en producir mejor, en incrementar la eficiencia de los procesos. Mano de obra más barata significa una economía menos competitiva.

A continuación dejo el enlace a un artíulo que he leído hoy en el Diario Público: El trasfondo económico de la crisis.

http://blogs.publico.es/dominiopublico/1852/el-trasfondo-economico-de-la-crisis/

Justo Zambrana

Fue la foto de las Azores una foto exclusivamente político-militar o algo más? La crisis económica que nos asuela está poniendo de manifiesto que pretendía ser algo más. […] Con los matices de cada cual, se trataba de escenificar una cosmovisión en la que ahora afloran no pocas similitudes económicas. En efecto, Estados Unidos, Reino Unido y España son los tres países, entre las grandes economías, en los que la burbuja inmobiliaria ha alcanzado su máximo nivel. […] En la crisis de 2008, como ya ocurriera en 1929, una de las causas ha sido un exceso de liquidez disponible en la economía internacional que desbordaba claramente las posibilidades de inversión real. […]

Con lo aprendido en los años treinta, y Keynes en la mesa de los despachos, la crisis reciente parece estar conjurándose sin repetir la del 29. Ello está, sin embargo, contribuyendo a que se olvide la adopción de medidas de fondo que permitan situar a los mercados capitalistas en marcos de viabilidad. A la postre, la teoría y la práctica de los mercados autorregulados es algo con dos siglos de historia que ha dado sus mejores frutos sólo cuando se le ha sobrepuesto una racionalidad superior. De eso también habló Keynes, y no sólo de política fiscal. De no hacer correcciones de fondo, lo normal será que pronto venga otro tortazo mayor.

Malos vientos corren por la vieja Europa: ya no soplan con fuerza las ideas. La derecha afirma que la ideología ha muerto, y la izquierda parece que ayuda a echar tierra encima. Ya nadie trata de convencer o seducir con la palabra. Las palabras ya no designan sucesos o hechos: los esconden.

Y los tiempos son malos porque la izquierda ha dejado que la derecha le arrebate el terreno ideológico (al menos el de los hechos). Se ha quedado con las palabras pero le ha cedido la palabra.

Actualmente apenas se habla de socialismo (se rehuye el término); se emplean términos sustitutivos (que no sinónimos): progresismo.

¿Por qué parte de la izquierda tiene miedo a definirse como socialista? La mayoría de los ciudadanos están a favor del progreso, y lógicamente la izquierda debe estarlo con mayor motivo. Pero ser socialista es algo más, ya que el socialismo debe, en primer lugar, pararse a reflexionar sobre lo qué es progreso, y en segundo, buscar el equitativo reparto del mismo ¿Se sentirá la izquierda incapaz de hacerlo y teme defraudar las ilusiones? ¿O simplemente se trata de posibilismo, es decir, de adaptarse a las demandas de la sociedad occidental? Algunos ejemplos de esto último son los siguientes:

En los últimos días se ha escuchado definir como progresista la política de devolver 400 euros a las familias españolas, o la medida de ampliar a 18 meses el periodo legal de retención de los inmigrantes ilegales, o incluso el hecho de votar a favor (los laboristas británicos) de la jornada de 65 horas ¿Son éstas medidas socialistas? ¿Y progresistas? Cierta izquierda justifica las medidas recubriéndolas con palabras, y señala: se trata de poner el ahorro del estado en manos de las familias, otorgar un marco jurídico homogéneo a la población inmigrante, o favorecer el incremento de la productividad en el mercado laboral europeo con el fin de repartir el trabajo.

Las anteriores medidas señaladas son, y han sido siempre, propias de la derecha y, en algunos casos, de marcado carácter populista. La izquierda no debe procurar adornarlas con palabras para que parezcan menos nocivas; debe coger la palabra y dar argumentos al ciudadano para que pierda el miedo al inmigrante y lo acoja; tiene que saber explicar qué es más rentable socialmente destinar los 400 euros a proveer servicios públicos aunque no se vean a corto plazo los beneficios; es necesario que convenza a los trabajadores de las virtudes de luchar unidos por un bien común, en vez de buscar el beneficio particular. ¿Por qué no lo hace?

La izquierda ha renunciado a la palabra y se contenta con las palabras. ¿A qué se debe?: ¿tiene miedo a que el ciudadano burgués ya no le apoye si busca el progreso social en vez de la satisfacción de las necesidades materiales individuales? ¿Tiene algo que ver con los votos perdidos por el PSOE en las pasadas elecciones por no ofrecer al electorado una posición dura frente a los inmigrantes? ¿O simplemente se trata de miedo a no saber divulgar el mensaje? ¿Será que definirse como progresista conlleva menos exigencias?

Aquella noche, Pablo, tras ver puesta la última piedra del Molino se sentó bajo el quicio de la puerta. Observó el río y pensó que aquel agua que corría hacia el mar le daría de vivir. Al rato, su suegro, se acercó y se sentó en el poyo de enfrente. Le miró a los ojos. Luego al río. A continuación al molino. Posteriormente al camino. Movió la cabeza de izquierda a derecha y, sin separar la mirada del suelo, dijo a Pablo: hijo, el río con su fuerza te llevará los cuartos aguas abajo.

Pablo miró fijamente a los ojos a su suegro y, si decir nada, sonrió. Acto seguido se levantó y abrió las compuertas.

Pasaron los días y llegó el verano. Creció el cereal y, con el estío, el trigo se convirtió en harina. Y ésta se hizo pan. Y transcurrieron los años y, con ellos, las siembras y, tras ellas, las moliendas.

Otra noche, Pablo, dejó que la turbina y el agua jugaran moviendo la muela. Salió a descansar a la puerta y dirigió sus ojos al río: lanzó una sonrisa de agradecimiento. Al rato salió su suegro. Se sentó enfrente. Miró a Pablo. Bajó la cabeza. Pablo levantó los ojos hacia el padre de su mujer. Y le dijo: ahora el agua trae los cuartos río arriba. Se levantó, y mantenido la sonrisa, entró a mover los sacos de harina.

Que la fuerza con la que discurre una ligera corriente de ideas gire la turbina del mundo y convierta la utopía en harina de una nueva cultura en la sociedad.